Entre el 1 de enero y el 27 de febrero de 2026, la violencia de género en Argentina ha mostrado su cara más cruel con un total de 43 víctimas fatales. El relevamiento nacional, elaborado por el observatorio «Ahora Que Sí Nos Ven», detalla que se produjeron 35 femicidios directos, 5 vinculados, 2 instigaciones al suicidio y un travesticidio. Estas cifras arrojan un promedio escalofriante: una muerte violenta cada 34 horas en el país.
El informe destaca que, además de las muertes consumadas, se registraron 72 intentos de femicidio, lo que equivale a un ataque cada 21 horas. Un dato que genera especial indignación es que el 19% de las víctimas ya había realizado denuncias previas contra sus agresores.
La mayoría de estos crímenes ocurren en el ámbito privado: el 72% de los agresores eran parejas o ex parejas de las víctimas, y el 44% de los hechos tuvo lugar en la vivienda de la mujer. Como consecuencia colateral de esta tragedia, al menos 23 niños y niñas han quedado sin sus madres en estos dos meses.
Desde el observatorio vinculan el recrudecimiento de la violencia con el retiro del Estado y las medidas económicas actuales. Advierten que la precarización laboral y la invisibilización de las tareas de cuidado limitan la autonomía económica de las mujeres y diversidades, una herramienta clave para salir de los círculos de violencia.
«Nos matan por el solo hecho de ser mujeres y se descree de nuestras denuncias», señalaron desde la organización. El informe menciona casos críticos en provincias como Entre Ríos y Santiago del Estero, donde la falta de respuesta policial y el limitado acceso a la justicia en localidades alejadas de los grandes centros urbanos terminaron en tragedias evitables.
Bajo la consigna de la urgencia de aplicar la Ley Micaela en todos los ámbitos, incluyendo los medios de comunicación para evitar la revictimización, las organizaciones feministas convocan a una nueva jornada de lucha.
El próximo 8 de marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, se espera un paro nacional bajo el lema «Por nuestras vidas, nuestra dignidad y nuestra libertad», buscando visibilizar que los femicidios son solo la punta del iceberg de una violencia estructural que sigue cobrándose vidas en todo el territorio argentino.