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Cómo influye vivir rodeado de montañas en la salud mental

La ciencia vincula la vida en entornos de montaña con menores niveles de estrés y una mejor calidad de vida, aunque también advierte sobre desafíos que suelen pasar desapercibidos.

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Para miles de personas que viven en la Comarca Andina o en otras partes de la cordillera patagónica, despertar con vistas a los cerros, caminar entre bosques o disfrutar del silencio de la naturaleza forma parte de la rutina. Lo que para algunos es cotidiano, para otros representa un estilo de vida cada vez más buscado.

 

La pregunta es si ese entorno tiene un impacto real sobre la salud mental. La respuesta, según numerosos estudios científicos, parece ser sí. Aunque también existen matices que conviene tener en cuenta.

 

La naturaleza como aliada contra el estrés

Diversas investigaciones realizadas en distintos países coinciden en que el contacto frecuente con espacios naturales puede ayudar a reducir los niveles de estrés.

 

 

Uno de los indicadores más estudiados es el cortisol, una hormona que aumenta cuando una persona atraviesa situaciones de tensión. Los trabajos científicos muestran que quienes pasan tiempo en entornos naturales suelen registrar niveles más bajos de esta hormona en comparación con quienes permanecen exclusivamente en ámbitos urbanos.

 

La explicación no responde a un único factor. El silencio, la menor contaminación visual, los paisajes abiertos y la posibilidad de desconectarse del ritmo acelerado de las ciudades parecen contribuir a una sensación general de bienestar.

 

En una época marcada por las pantallas, las notificaciones permanentes y la sobrecarga de información, la naturaleza funciona para muchas personas como una pausa mental.

 

 

Más movimiento y mejor estado de ánimo

Otro aspecto que suele aparecer en los estudios es la relación entre la montaña y la actividad física.

 

Senderismo, caminatas, ciclismo, trekking o simplemente recorrer senderos cercanos son actividades habituales en zonas cordilleranas. La práctica regular de ejercicio favorece la liberación de endorfinas, sustancias asociadas con sensaciones de bienestar y satisfacción.

 

Además, mantenerse activo ayuda a reducir síntomas vinculados a la ansiedad, mejora la calidad del sueño y fortalece la autoestima.

 

 

Por eso, algunos especialistas consideran que los beneficios no provienen únicamente del paisaje, sino también de los hábitos que ese entorno facilita.

 

El valor del silencio y los espacios abiertos

Quienes llegan desde grandes ciudades suelen mencionar un cambio que se percibe rápidamente: el ruido desaparece.

 

La contaminación sonora está relacionada con problemas como estrés, dificultades para dormir e incluso trastornos cardiovasculares. En contraste, los sonidos predominantes en zonas de montaña suelen ser el viento, la lluvia, los cursos de agua o las aves.

 

 

Ese entorno favorece momentos de contemplación, descanso y reflexión que muchas veces resultan difíciles de encontrar en contextos urbanos.

 

El lado menos visible de la vida en la montaña

Sin embargo, los especialistas también advierten sobre un riesgo frecuente: idealizar la vida en la naturaleza.

 

Vivir rodeado de montañas no elimina automáticamente los problemas personales ni garantiza bienestar emocional permanente.

 

 

En algunos casos pueden aparecer dificultades vinculadas al aislamiento, especialmente para quienes llegan desde ciudades con una vida social intensa. La oferta cultural, las distancias y las interacciones cotidianas pueden resultar un desafío para determinadas personas.

 

También existen limitaciones relacionadas con el acceso a ciertos servicios, incluida la atención especializada en salud mental, aunque la expansión de las consultas virtuales ha ampliado las posibilidades en los últimos años.

 

Un equilibrio que cada persona construye

La evidencia científica muestra que el contacto con la naturaleza puede aportar beneficios concretos para la salud mental. Menos estrés, mayor actividad física, mejor descanso y una relación más cercana con el entorno aparecen entre las ventajas más mencionadas.

 

 

Sin embargo, la experiencia de vivir rodeado de montañas depende también de factores personales, laborales y sociales.

 

En lugares como la Comarca Andina, donde la naturaleza forma parte de la vida cotidiana, el desafío quizás no sea encontrar esos paisajes, sino aprender a aprovechar todo lo que pueden ofrecer para el bienestar físico y emocional.

 

 

O.P.

 

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