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22 de Junio de 2026
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Llegó desde Buenos Aires para probar suerte y encontró una nueva vida en Lago Puelo

Hace más de una década que Liliana Ricci trabaja en Chocolates Lago Puelo. Lo que comenzó como una mudanza impulsada por una amiga terminó convirtiéndose en una historia de arraigo, trabajo y nuevos comienzos en la Comarca Andina.

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Hay historias que empiezan con grandes planes y otras que nacen casi por casualidad.

 

La de Liliana Ricci pertenece al segundo grupo. Llegó desde Buenos Aires con la intención de probar suerte en la Patagonia, sin imaginar que apenas unos días después encontraría trabajo en Chocolates Lago Puelo y que, más de doce años más tarde, seguiría detrás del mismo mostrador, en el mismo lugar que hoy considera su hogar.

 

Su historia se parece a la de muchas personas que alguna vez visitaron la Comarca Andina y se preguntaron cómo sería vivir rodeados de montañas, bosques y una vida más tranquila. La diferencia es que ella dio el paso.

 

 

Un viaje que terminó siendo definitivo

Todo comenzó cuando una amiga la invitó a instalarse en la zona. Cansada del ritmo de Buenos Aires, aceptó el desafío sin demasiadas certezas sobre lo que vendría después.

 

Llegó a El Hoyo un 8 de octubre. Doce días más tarde ya estaba trabajando en Chocolates Lago Puelo. Desde entonces no volvió a irse.

 

"Vine un miércoles y me quedé", resume entre risas, como si una decisión capaz de cambiar una vida completa pudiera explicarse con una frase tan sencilla.

 

 

Con el tiempo llegaron nuevas amistades, nuevos vínculos y también una familia. Lago Puelo dejó de ser un destino para transformarse en un lugar de pertenencia.

 

Mucho más que una chocolatería

Para quienes llegan por primera vez, Chocolates Lago Puelo suele ser una de las primeras imágenes del pueblo. Ubicada sobre la Ruta 16, en el ingreso a la localidad, se convirtió en una parada habitual para visitantes y vecinos. Pero detrás de los chocolates, los helados y la cafetería hay algo más difícil de describir.

 

Liliana asegura que lo que más disfruta no es solamente el producto, sino el contacto cotidiano con las personas.

 

 

Después de más de una década de trabajo, reconoce clientes habituales, conversa con turistas que regresan cada temporada y sigue encontrando placer en algo que considera fundamental: atender.

 

"A mí me gusta vender, no despachar", dice. La diferencia parece pequeña, pero para ella es enorme. Significa escuchar, recomendar, compartir una charla y hacer que quien entra se lleve algo más que una compra.

 

Una parada en cualquier época del año

Abierta todos los días, Chocolates Lago Puelo recibe visitantes durante todo el año. En invierno, el chocolate caliente y la cafetería encuentran su mejor momento. En verano, los helados artesanales ganan protagonismo.

 

 

La producción se realiza en el propio establecimiento, donde también se elaboran las tortas y buena parte de las propuestas que llegan a las mesas.

 

Para muchos viajeros es una escala antes de continuar camino. Para otros, una excusa para quedarse un rato más.

 

Cuando un lugar termina cambiando la vida

Después de doce años, Liliana todavía habla de su llegada a la Comarca con la emoción intacta.

 

 

Lo que encontró en Lago Puelo fue trabajo, pero también algo más difícil de conseguir: la sensación de haber encontrado un lugar donde quedarse.

 

Quizás por eso su historia conecta con tantos visitantes que llegan a la zona buscando paisajes y terminan llevándose otra pregunta. No tanto qué hacer en la Comarca Andina. Sino cómo sería quedarse.

 

 

O.P.

 

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