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27 de Febrero de 2022
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Rocío Paleari

Tres lecturas sobre la Guerra

Crónicas o ficciones, una serie de lecturas recomendadas sobre el horror de la guerra.

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La guerra no tiene rostro de mujer: escrito por Svetlana Alexiévich, quién fue premiada con el Premio Nobel de Literatura en 2015. Una mirada polifónica y novedosa sobre los combatientes del ejército rojo en la segunda guerra mundial. Pocos saben que casi un millón de mujeres combatieron en ese frente, debido a que nunca ha sido contado su historia. Este libro reúne los recuerdos de cientos de ellas, mujeres que fueron francotiradoras, condujeron tanques o trabajaron en hospitales de campaña. La reedición de este libro -re-escrita por  Alexiévich en 2002- incluye los fragmentos que fueron censurados en su primera edición. La autora no escatima en detalles y junto a las mujeres que dan testimonio narran el lado menos heroico de la guerra: la suciedad y del frío, del hambre y de la violencia sexual, de la angustia y de la muerte siempre presente.

 

 

Los ejércitos: novela ganadora del premio Tusquets, fue escrita por el colombiano Evelio Rosero. A través de esta narración se puede entender un poco más los cincuenta años de guerra en Colombia. La historia podría ser la historia de cualquier matrimonio de años. Ismael tiene un gusto por espiar a su vecina, y su mujer avergonzada trata de ignorarlo… sin embargo, el ambiente del pueblo comienza a enrarecerse cuando sus familiares comienzan a desaparecer. El autor logra mostrar el aspecto arbitrario e irracional de la violencia.

 

 

Ébano: se trata de una de las grandes obras de Ryszard Kapuscinski, el reporte polaco emblema de los cronistas de guerra. Muchas veces se reconoce a su autor como el mejor reportero del su siglo. En Ébano, él se sumerge en el continente africano para narrar el horror de la guerra y la pobreza. Decide hospedarse -o mejor dicho vivir- en hogares de los sectores más pobres, conviviendo con cucarachas y calores extremos, se enferma con malaria y casi muere asesinado a manos de un guerrillero. Sin embargo, nunca le falta su mirada y labor de reportero contando sobre la tragedia de Ruanda.

 

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