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17 de Mayo de 2026
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Un clásico de Esquel: la historia detrás de Súper Jorgito

Claudia Gérez comenzó probando recetas de empanadas para cuidar la salud de su esposo y hoy, después de años de esfuerzo, convirtió a Súper Jorgito en uno de los lugares más queridos de la ciudad. 

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Por Rocío Germillac y Elisabet Blanco Wegrzyn. 

 

 

 

En una cocina donde todo se hace a mano y el aroma a empanadas recién horneadas invade cada rincón, Claudia Gérez construyó mucho más que una rotisería. Construyó una historia de esfuerzo, memoria familiar y trabajo silencioso que, con el paso de los años, terminó convirtiendo a Súper Jorgito en un clásico de Esquel.

 

Lo que empezó casi de casualidad, preparando comida para cuidar la salud de su marido, terminó transformándose en el sustento de toda una familia.

 

“Empecé a elaborar el pino de distintas maneras y cada vez que iban amigos de él, le invitábamos alguna empanada o algo y bueno, a la gente le empezó a gustar”, recordó.

 

Un día, mientras cocinaba para su familia, llegó el primer cliente. “Me pregunta si le vendo una docena de empanadas. Así que le vendí una docena y le gustó. Entonces ahí empezamos”, contó emocionada.

 

 

 

Un crecimiento a puro boca en boca

 

Sin campañas publicitarias ni grandes estrategias de marketing, el negocio fue creciendo gracias a las recomendaciones de los propios clientes.

 

“Lo que hizo esto hoy, lo que es, es la misma clientela. El boca en boca. Uno le dijo al otro y así”, explicó Claudia.

 

Hoy venden entre 10 y 12 docenas de empanadas por día, además de pizzas, tortillas, tartas, hamburguesas y panes caseros. Todo elaborado por ellos mismos, sin conservantes y respetando recetas tradicionales. 

 

“La masa es con grasa, agua caliente, harina y sal, nada más. No lleva ningún químico”, afirmó.

 

La cocina funciona casi como un ritual familiar. Su marido la ayuda cuando puede, su hermana colabora algunas horas y sus hijos y nietos son quienes prueban las preparaciones nuevas.

 

“Todo lo que vendemos nosotros lo elaboramos nosotros. No compramos nada afuera, solamente la materia prima para elaborar”, destacó.

 

 

 

Los sabores de la abuela María

 

Muchas de las recetas nacieron de recuerdos de infancia. Claudia asegura que gran parte de lo que cocina hoy lo aprendió observando a su abuela María.

 

“Todo eso me vino a la memoria cuando era chica y lo hacía mi abuela”, contó.

 

Con el tiempo, empezó a perfeccionar las recetas anotando cantidades y probando distintas técnicas hasta encontrar el sabor que hoy identifica a Súper Jorgito.

 

“Me acordé cómo lo hacía mi abuela y me largué y me salió”, relató entre sonrisas.

 

 

 

Una infancia difícil que marcó su camino

 

Detrás del mostrador también hay una historia dura. Claudia nació y creció en una familia humilde de Esquel, en medio de una pobreza extrema que todavía recuerda con crudeza.

 

“Vivimos cuando éramos chicos una pobreza muy extrema. Eso me llevó a mí a decir que yo cuando sea grande no quería que mis hijos pasaran lo que nosotros pasamos”, expresó.

 

Sin embargo remarca que, pese a la necesidad que pasó la familia, los valores en su familia iniciada por sus padres crearon unas raíces firmes que ella transmite en su andar diario: trabajo, honestidad, constancia.

 

A los 12 años dejó la escuela para salir a trabajar y ayudar a su mamá. “Nosotros éramos seis hermanos y mi papá laburaba solo”, recordó.

 

Primero trabajó cuidando chicos, luego en casas de familia y años más tarde comenzó a vender milanesas de negocio en negocio junto a su esposo.

 

“Estuvimos como cuatro años vendiendo milanesas en todos los negocios”, señaló.

 

Con esfuerzo, lograron instalarse en el histórico local de Alberdi 42, donde funciona actualmente Súper Jorgito.

 

 

 

“Si vos no lo vas a comer, no lo vendés”

 

La filosofía de Claudia atraviesa cada detalle del negocio: respeto por el cliente, higiene y honestidad.

 

“Si algo me sale mal prefiero decirle al cliente: ‘Mirá, no tengo’, antes que vender algo que sé que me salió mal”, aseguró.

 

Y agregó una frase que resume su manera de trabajar: “Vos tenés que cocinar lo que vos vas a comer. Si vos no lo vas a comer, no lo vendés”.

 

A pesar de las crisis económicas y los momentos difíciles, nunca dejaron de trabajar. “Nunca estuvimos bien y nunca estuvimos mal, siempre estuvimos ahí al límite”, contó.

 

Sin embargo, mantiene intacta la esperanza y la gratitud por el camino recorrido. “Contenta y feliz de poder trabajar de lo que me gusta”, dijo.

 

El domingo, el único día para la familia

 

Después de semanas enteras de trabajo, Claudia reserva un único día para detenerse: el domingo.

 

“El domingo no trabajo, es el único día que dediqué para estar con mi familia”, explicó.

 

Ese día se reúne con sus hijos, nietos, hermanos y su papá. Porque detrás de cada empanada, cada tortilla y cada receta casera, sigue estando el mismo motor de siempre: la familia.

 

 

 

Agradecemos a Claudia y su familia por brindarnos esta entrevista y dejarnos conocer un poco más de las recetas que enamoraron a todo Esquel. 

 

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