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12 de Junio de 2026
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El frío no es el culpable: la neumonóloga Laura Bustamante explica por qué nos enfermamos en invierno

Ante el aumento de la circulación viral, la Dra. Bustamante repasa las medidas de prevención, la importancia de las vacunas y explica por qué la paciencia y la consulta profesional son el mejor tratamiento.

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La llegada del frío intenso trae consigo el aumento de virus respiratorios en nuestra ciudad, pero la Dra. Laura Bustamante, neumonóloga local, aclara un mito fundamental: el frío en sí mismo no es lo que nos enferma. El verdadero problema radica en que, al bajar las temperaturas, ventilamos menos los espacios, permitiendo que los virus expulsados al toser o estornudar permanezcan suspendidos en el aire. Además, el frío afecta nuestra vía aérea: tenemos pequeños "pelitos" encargados de barrer sustancias extrañas, pero con las temperaturas bajas su movimiento se ralentiza, facilitando que los microorganismos se alojen y causen infecciones.

 

Para proteger nuestra salud, la especialista sugiere retomar los cuidados que aprendimos durante la pandemia. Es fundamental mantener los ambientes ventilados, lavarse las manos con frecuencia y utilizar alcohol en gel. Si una persona presenta síntomas, la recomendación es evitar el contacto social y utilizar barbijo en espacios compartidos para prevenir nuevos contagios.

 

La vacunación sigue siendo una herramienta de prevención clave. La Dra. Bustamante destaca que, además de la antigripal y la antineumocócica —indicadas especialmente para mayores de 65 años y personas con enfermedades crónicas, diabetes u obesidad—, existe hoy la posibilidad de acceder a la vacuna contra el Virus Sincitial Respiratorio. Si bien esta última no siempre está en el calendario oficial, es muy recomendable para prevenir cuadros graves, incluso en adultos con patologías previas.

 

Uno de los puntos más importantes que subrayó la médica es la lucha contra la automedicación. Muchas infecciones respiratorias son de origen viral y, por lo tanto, no responden a los antibióticos, los cuales solo deben ser consumidos bajo estricta indicación profesional. Los cuadros suelen durar alrededor de siete días y requieren, principalmente, paciencia y tratamientos sintomáticos específicos para cada paciente.

 

Finalmente, la profesional recuerda que la mejor estrategia es la consulta médica oportuna. "No hay que automedicarse", enfatiza Bustamante, recordando que cada tratamiento debe ser personalizado según la evolución y los síntomas de cada persona para lograr una recuperación efectiva y segura.




M.G

 

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