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26 de Junio de 2026
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Un aguantadero en pleno centro de la ciudad con baldes repletos de excremento

Fue lo que encontraron empleados municipales al limpiar al lugar. Durante años fue refugio de malvivientes. Dieron con gran cantidad de objetos robados. 

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Pasillos tapados por montañas de ropa, departamentos convertidos en depósitos de basura, mochilas y carteras amontonadas en cada rincón, y baldes de 20 litros utilizados como baños improvisados. Todo eso encontraron los trabajadores municipales cuando ingresaron al edificio de Sargento Cabral al 650, el inmueble que durante años funcionó como un aguantadero en pleno centro de Neuquén.

 

Los videos registrados durante el operativo comenzaron a circular en las últimas horas y muestran una realidad que incluso sorprendió a los equipos acostumbrados a intervenir en escenarios de extrema acumulación. "Yo jamás en mi vida había visto algo así", reconoció Cristian Haspert, subsecretario de Limpieza Urbana de la Municipalidad de Neuquén.

 

El edificio había sido desalojado previamente por la Policía y recién entonces pudieron ingresar las cuadrillas municipales para comenzar la limpieza. Lo que encontraron detrás de cada puerta superó cualquier previsión.

 

Uno de los hallazgos que más llamó la atención fue la enorme cantidad de objetos personales dispersos por los departamentos. Entre los residuos aparecieron mochilas escolares, carteras, documentación y pertenencias que, según sospechan quienes participaron del operativo, podrían estar vinculadas a robos y arrebatos ocurridos en distintos puntos de la ciudad. "Había muchísimas mochilas y muchísimas carteras. Se nota que eran cosas robadas", aseguró Haspert.

 

La escena coincidía con las denuncias que durante años realizaron vecinos y comerciantes de la zona, quienes señalaban al edificio como punto de reunión de personas vinculadas a distintos delitos contra la propiedad. Pero hubo un detalle que reforzó aún más esas sospechas.

 

"Documentación de mujeres encontramos muchísima. Y te das cuenta porque también había maquillajes, pinturas, cepillos y un montón de elementos personales", explicó.

 

Según su experiencia, la presencia masiva de esos objetos refleja un patrón bastante claro. "Es más fácil arrebatarle una cartera a una mujer que a un hombre. Cuando empezás a ver la cantidad de documentación femenina que aparece, te das cuenta de lo que pasaba ahí", sostuvo.

 

Aunque la investigación sobre el origen de esos elementos corresponde a la Justicia y a la Policía, los hallazgos alimentan las sospechas sobre la actividad que se desarrollaba dentro del edificio.

 

Otro de los aspectos que más impactó a los trabajadores fue el volumen de ropa acumulada. Prácticamente todos los departamentos tenían prendas esparcidas sobre el piso, mezcladas con residuos domiciliarios y basura de todo tipo.

 

"Mucha cantidad de ropa. Muchísima ropa tirada por todos lados. El volumen fue tan grande que una parte importante del operativo se concentró exclusivamente en retirarla. Sacamos cuatro bateas completas solamente de ropa", precisó.

 

Sin embargo, ninguna de esas prendas pudo recuperarse para reutilización o donación. "No se podía rescatar nada. El estado en que estaba todo era tremendo", explicó. Las prendas estaban mezcladas con residuos orgánicos, humedad, excrementos y años de acumulación.

 

Lo que para muchas personas podría parecer una posible fuente de recuperación terminó siendo simplemente otro componente de una montaña de basura imposible de reutilizar. Entre todas las imágenes que dejó el operativo, probablemente ninguna resulte tan impactante como la que encontraron dentro de los departamentos. En prácticamente cada unidad habitacional aparecieron baldes de gran tamaño utilizados para hacer las necesidades fisiológicas.

 

"Cada departamento tenía baldes de 20 litros donde hacían sus necesidades", relató Haspert. La escena reflejaba las condiciones extremas en las que se vivía dentro del inmueble. "No te imaginás el olor que había", recordó el funcionario, quien contó que realizaron la limpieza en equipos que ingresaban por 15 minutos.

 

No todos los trabajadores podían permanecer demasiado tiempo dentro de los departamentos debido a la combinación de residuos, materia orgánica en descomposición y falta de ventilación.

 

Si los primeros niveles estaban dominados por la basura acumulada durante años, los pisos superiores presentaban otro problema. Miles de palomas habían encontrado refugio en distintos sectores del edificio y dejaron enormes cantidades de excremento.

 

"En los últimos pisos hay muchísima caca de paloma. Muchísima cantidad", explicó Haspert. Los equipos aún evalúan cuál será la mejor manera de retirarla sin generar riesgos sanitarios para los trabajadores. "Estamos viendo si hay que sacarla con agua o de qué manera hacerlo", indicó y aclaró que la tarea demandará varios días más de trabajo.

 

Entre tantos ambientes destruidos, cubiertos de residuos y en estado de abandono absoluto, hubo una imagen que llamó particularmente la atención de Haspert.

 

En uno de los departamentos apareció un cesto de basura perfectamente ordenado. "Me llamó la atención que en uno de los departamentos había un tacho preparado, limpio, sin residuos", contó.

 

El contraste era tan extraño que quedó grabado en la memoria de quienes recorrieron el lugar. A pocos metros de ese recipiente vacío se acumulaban toneladas de basura, ropa y desperdicios.

 

La Policía fue la encargada de desalojar el inmueble antes de que ingresaran los equipos municipales. Según explicó Haspert, la experiencia le recordó situaciones que suelen observarse en casos de acumuladores compulsivos, aunque con diferencias importantes."Aquí estamos hablando de personas vinculadas al delito. Como dice la Policía, se instalan en el centro porque tienen más oportunidades", sostuvo.

 

La ubicación estratégica del edificio, a pocas cuadras de las zonas comerciales y administrativas de Neuquén, lo convertía en un punto ideal para esconderse y guardar elementos obtenidos en robos o arrebatos.

 

 

 

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