Hay viajes que empiezan con un destino y otros que simplemente comienzan con una decisión.
Franco Duhau salió hace años de Pergamino con ganas de conocer lugares, recorrer caminos y vivir experiencias distintas. En algún punto del recorrido, mientras viajaba por Santiago del Estero, apareció Pelusa.
O quizás, como suele pasar en estas historias, fue Franco quien apareció para que Pelusa lo encontrara a él.
Desde entonces no volvieron a separarse.
Un encuentro en Santiago del Estero
La historia entre Franco y Pelusa comenzó hace cuatro años y bastante lejos de la Patagonia. Fue durante un viaje por Santiago del Estero, mientras participaba de la tradicional Fiesta de la Abuela Carabajal, uno de los encuentros folclóricos más convocantes del país.
"Me dijeron que había muchos perros para adoptar y me quedé pensándolo durante tres días", recordó Franco. Finalmente decidió ir a conocerlos. Había alrededor de quince cachorros esperando una familia. "Pelusa era el único que me movía muchísimo la cola". La decisión terminó de tomar forma casi sola. "Volví a pensarlo un poco más y finalmente lo adopté. Estoy muy contento con la elección".
Desde entonces comparten rutas, pueblos, viajes y escenarios. Porque además de viajar, Franco hace música y trabaja como payaso, actividades en las que Pelusa suele convertirse, inevitablemente, en parte del espectáculo y del vínculo con la gente.
De las rutas del norte a la nieve patagónica
El camino hasta la cordillera estuvo lejos de ser lineal. Hubo viajes por el norte argentino, recorridos en bicicleta, trayectos en auto y muchos pueblos pequeños donde detenerse a conversar y conocer personas.
"Lo más lindo de viajar es la gente de los lugares. Nos gusta meternos en los pueblos, lejos de las ciudades. Ahí aparece la esencia de cada sitio", cuenta Franco.
La Patagonia era todavía una cuenta pendiente.
En realidad, la idea inicial era ir en busca de un poco de calor. La vida, una vez más, tenía otros planes. "Terminamos viniendo al frío y a vivir algo que ninguno de los dos conocía".
El descubrimiento de la nieve
Ni Franco ni Pelusa habían visto la nieve antes de llegar a la Comarca Andina.
Por eso, las primeras nevadas, el silencio de la montaña y los recorridos entre los senderos del cerro todavía conservan algo de descubrimiento cotidiano. "Nos está sorprendiendo la montaña, los amaneceres y los atardeceres. Estamos contentos los dos".
Durante varias semanas estuvieron prácticamente solos en el refugio, acompañados apenas por el silencio de la montaña y el paisaje que cambia todos los días. Lejos de vivirlo como una dificultad, Franco lo recuerda como parte de la experiencia.
Animarse a la incertidumbre
Quizás la reflexión más interesante de la charla apareció cuando habló sobre el futuro. No hay un itinerario definido ni una fecha demasiado clara para el próximo destino.
Por ahora el plan es terminar la temporada en El Bolsón y seguir disfrutando de la experiencia. "Hay que habitar un poco la incertidumbre y vivir. Hay que animarse a viajar", resume.
La frase parece sencilla, aunque probablemente encierre una de las decisiones más difíciles de tomar. Porque no todos se animan a cambiar la comodidad de lo conocido por un camino sin demasiadas respuestas.
Un hogar inesperado
Por estos días, Franco y Pelusa reciben visitantes, comparten música y empiezan a hacerse conocidos entre quienes llegan al refugio y también en redes sociales, donde comenzaron a compartir sus aventuras bajo el nombre @elpelusaporelmundo.
Él toca la guitarra. Pelusa saluda a cada persona como si la conociera desde siempre. Juntos forman una especie de bienvenida informal para quienes llegan a la montaña.
Tal vez dentro de algunos meses la historia continúe en otro lugar del país. Tal vez el próximo destino todavía no exista más que como una idea.
Porque los viajes tienen esa costumbre de alterar los planes y regalar encuentros que nadie había imaginado al momento de partir. Y a veces, cuando uno se anima a dejar un pequeño margen para lo inesperado, descubre que las mejores partes del viaje no eran el destino, sino aquello que apareció en el camino.
Pero por ahora alcanza con esto: un refugio, la nieve cayendo detrás de la ventana y dos viajeros que encontraron hogar, al menos por un tiempo, a mil metros de altura.
O.P.