(Por Carlos “el Chavo” Ortiz). - Hay fotografías que trascienden el mero registro de un encuentro deportivo para convertirse en verdaderos monumentos de la memoria colectiva. Corría el año 1990 y las calles de Esquel eran testigo del arribo de una de las competencias más complejas y emblemáticas de la región: el Tetratlón del Club Andino Esquel.
En ese entonces, las etapas no solo ponían a prueba la resistencia física, sino la destreza en disciplinas extenuantes que incluían esquí, kayak, el rigor de las motocicletas y el pedestrismo final frente a los estudios de Radio Nacional Esquel.
En aquella edición, el gran ganador de la prueba general fue Gustavo “el Chivo” Freeman. Sin embargo, la historia no quedó inmortalizada únicamente por la cinta de llegada del campeón, sino por el gesto que vendría instantes después, cuando el último competidor en cruzar la línea se acercaba exhausto, ensangrentado y al límite de sus fuerzas: Germán "Loli" Roberts.
LA HISTORIA DETRÁS DEL ENCUADRE
La jornada de 1990 había sido implacable. "Loli" Roberts traía una ventaja considerable al momento de encarar la etapa de moto en la zona de la Laguna La Zeta, pero los imponderables mecánicos y la falta de experiencia sobre dos ruedas jugaron en su contra.
La moto original prestada por Federico Braese no arrancó; en su lugar, debió subirse a una 250cc de cross cedida por Crettón que solo traccionaba a partir de la tercera marcha. Golpeado, cortado y tras reiteradas caídas en el terreno irregular, Roberts continuó a pie hacia la meta, impulsado por pura voluntad.
Al ver aproximarse a su amigo y exalumno de esquí totalmente maltrecho, Gustavo Freeman —que ya se había consagrado ganador— no dudó. Salió a su encuentro corriendo descalzo por el asfalto, sosteniendo aún sus zapatillas de competición en la mano, para ofrecerle el hombro y sostenerlo en los últimos metros.
En ese preciso instante, el ojo atento del fotógrafo José Bastía, quien cubría el evento para el diario EL OESTE, capturó la secuencia.
“Yo no tenía idea de motos, iba en el aire... me caí, me golpeé y venía todo ensangrentado. Gustavo era mi amigo y había sido mi entrenador de esquí. Cuando me vio, salió corriendo desesperado en patas, me cazó del brazo y me acompañó hasta la llegada. Fue un momento muy emotivo”, recuerda Germán "Loli" Roberts al revivir esa postal que hoy guarda al lado de su cama.
EL INSTANTE REVELADO Y LA MEMORIA DEL AUTOR
Para José Bastía, quien llevaba apenas unos tres años ejerciendo el oficio de fotógrafo bajo la tutela del profesor Carmona (papá de Daniel), la jornada estuvo marcada por el frío extremo y el cansancio acumulado tras cubrir todo el recorrido. Sin embargo, la magia ocurrió en el cuarto oscuro, al revelar el rollo en blanco y negro.
“Me di cuenta el mismo día que la revelé lo espectacular que había sido esa foto. Es una de las mejores de mi carrera y sintetiza lo que ha sido el Tetratlón durante todos estos años. Cada vez que la veo me emociona; es la imagen de dos grandes figuras y dos personas muy queridas en nuestra ciudad”, expresa Bastía.
La fotografía no tardó en convertirse en un objeto de culto. Acompañó a "Loli" Roberts en su billetera durante sus participaciones internacionales en el Eco-Challenge y dio la vuelta al mundo como testimonio del espíritu patagónico.
UN MONUMENTO AL COMPAÑERISMO QUE MERECE SER GIGANTE
Más allá de las medallas y los tiempos oficiales, la imagen captada por Bastía condensa la verdadera esencia del deporte de montaña: la empatía, la perseverancia y la amistad por encima de cualquier resultado cronometrado. Ver al campeón descalzo asistiendo al último competidor para cruzar juntos la meta es la representación gráfica definitiva del ser esquelense.
Por su valor histórico, humano y deportivo, esta fotografía con 36 años de vida no debería quedar relegada únicamente a los archivos gráficos o a los portarretratos familiares. Es una postal que grita identidad. Por eso, no cabe duda de que dicha imagen debería estar plasmada en el muñeco de nieve o en una gigantografía en el ingreso a la ciudad de Esquel, para recordarle a todo aquel que llega a nuestra tierra que aquí la grandeza no solo se mide en victorias, sino en la mano extendida al compañero.