A veces las tragedias no hacen ruido. O lo hacen, pero después queda un silencio tan grande que resulta imposible llenarlo con palabras. En el choque de trenes ocurrido en Adamuz, Córdoba, en el sur de España, ese silencio tiene seis años y caminaba sola por las vías.
La niña fue encontrada con vida tras el impacto entre un tren Alvia y un convoy de alta velocidad. Estaba desorientada, sola, sin saber —o sin poder decir— que su mundo acababa de desaparecer. Sus padres, su hermano menor y un primo de 23 años murieron en el accidente. Ella fue la única sobreviviente de su familia. Saltó por una ventana del vagón semi volcado y empezó a caminar sin rumbo.
Los Zamorano Álvarez, oriundos de Punta Umbría, en la provincia de Huelva, habían viajado a Madrid como regalo de Reyes para los chicos. El plan era sencillo y feliz: ver el musical El Rey León, conocer el estadio Santiago Bernabéu, volver a casa con fotos y recuerdos. Volvían cuando ocurrió el choque.
Durante horas, la incertidumbre fue total. Las redes sociales se llenaron de imágenes recientes del viaje: el primo y el niño en la cancha del Real Madrid, la madre sonriendo, escenas que todavía no sabían que iban a convertirse en despedidas. Familiares y amigos buscaban información sin respuestas claras, recorriendo hospitales, esperando listas, aferrándose a cualquier dato.
El alcalde de Punta Umbría confirmó luego el fallecimiento del padre, la madre, el hijo menor y el primo. La noticia cayó como un golpe seco en el pueblo, que amaneció atravesado por una conmoción difícil de explicar.
La niña, en cambio, había sobrevivido. Fue atendida por personal sanitario y se constató que estaba fuera de peligro. Solo necesitó algunos puntos de sutura en la cabeza. Hoy permanece acompañada por su abuela en Córdoba, bajo seguimiento y contención.
No hay épica en esta historia. No hay milagros completos. Solo una infancia interrumpida de golpe, una caminata solitaria por las vías después del desastre y una pregunta que nadie puede responder del todo: cómo se sigue cuando todo lo que daba sentido ya no está. La nena se llama Cristina, igual como se llamaba su madre que ya no va a estar a su lado.
El accidente dejó decenas de víctimas y abrió investigaciones técnicas para determinar qué falló en esos segundos decisivos. Pero, más allá de los informes y las causas, queda esta imagen mínima y brutal: una nena viva en medio de la devastación, y una familia que ya no volvió a casa.