El incendio que afecta a Puerto Patriada y a El Hoyo no solo amenaza bosques y viviendas, sino que pone a los vecinos en una situación límite.
Los testimonios de Julián Taboada y Elías, vecinos de Rincón de Lobos, dejan ver la tensión y el riesgo constante que viven ante la cercanía de las llamas.
“El fuego pasó como a 400-500 metros. Se quemó un pinar enorme, se puso todo naranja, parecía que hubieran puesto una bengala”, contó Taboada.
Guardias vecinales
Julián remarcó la solidaridad de la comunidad y de los brigadistas, que permanecieron en guardia durante la noche para evitar que el fuego llegara a las viviendas.
“Bajamos todos los que pudimos y después hicimos guardias, quedándonos y mojando, mojando, mojando. Por suerte mucha gente también, los del SPLIF, los bomberos, siempre estaban ahí”, dijo.
Elías, por su parte, contó detalles sobre la logística que se implementó en el Callejón de Mayorga y alrededores, donde se instalaron bases y se distribuyó agua con camionetas y totems:
“Hay muchas camionetas con tótem haciendo logística de agua, llenando reservorios de agua en todo lo que es Callejón de Mayorga, que no hay agua hace 3 días. Por ahora no hay viviendas afectadas en el Callejón, pero arriba del bosque de oregones estuvo cerca”, añadió.
Según relató Taboada, el riesgo fue extremo debido a la geografía del lugar y la densidad de la vegetación, especialmente en los pinares que rodean el Callejón de Mayorga, una vía de acceso estrecha y con pocas rutas de escape:
“Este callejón tiene 1.800 metros, y no se continúa con la cantera para poder bajar. Hace 15 años que está igual, no lo ensanchan. Recién en medio del incendio hicieron una vía con las máquinas de la municipalidad porque no había forma de bajar. Venían los bomberos, cada uno intentaba bajar, y la verdad que era una cosa catastrófica”, señaló Taboada.
Falta de infraestructura y medidas preventivas
El vecino también cuestionó la infraestructura eléctrica y la falta de planificación en la zona:
“El tendido eléctrico debe ser del año 87. No digo de la gente de Servicios Públicos, ellos hacen lo que pueden, pero es la desidia del Estado de no poner plata. Somos una provincia petrolera, gasífera, podríamos vivir 500 veces mejor”, dijo.
Además, remarcó la importancia de la prevención:
“El laburo hay que hacerlo antes, no en el transcurso de donde va sucediendo. En medio del incendio no te podés dar cuenta si tenés matafuego o no, lo tenés que tener de antes”, concluyó.
Organización y logística
A pesar de la situación, los vecinos implementaron soluciones autogestivas para proteger sus hogares. Taboada explicó que llenó su reservorio de agua con una pelopincho y contó con la colaboración de amigos y vecinos para mantener la vigilancia constante, mientras los bomberos y brigadistas se encargaban de la logística de agua.
La experiencia de Taboada muestra los riesgos de vivir en zonas de interfaz, donde la vegetación y los asentamientos humanos conviven en proximidad, y la necesidad de inversión y planificación para garantizar la seguridad de los vecinos.
“Todo el tiempo estás viviendo en peligro, pero sin poder prevenir nada. Esto es una vergüenza”, manifestó.
A pesar del riesgo, la solidaridad y la organización de la comunidad permitieron que, hasta el momento, ninguna vivienda en el Callejón haya resultado afectada. Los vecinos continúan colaborando con brigadistas y bomberos, llenando reservorios de agua y monitoreando constantemente la evolución del incendio.
O.P.