La riada en Nepal continúa dejando un saldo devastador. El número de víctimas fatales ascendió a 538, mientras que alrededor de 1.400 personas permanecen desaparecidas en la zona fronteriza entre Nepal y China.
Las tareas para localizar a quienes todavía no fueron encontrados continúan, aunque las condiciones del terreno y el riesgo de nuevos desbordes complican el trabajo. Entre los desaparecidos hay extranjeros de distintas nacionalidades, muchos de ellos excursionistas y peregrinos que se encontraban en la zona.
Cientos de personas fueron rescatadas
Las enormes inundaciones repentinas afectaron distintas áreas de Nepal y obligaron a realizar numerosos rescates. Cientos de personas lograron ser puestas a salvo, mientras que decenas de sobrevivientes debieron recibir atención médica en Katmandú. El número de fallecidos representa un fuerte aumento respecto de los primeros balances difundidos tras el desastre, cuando se contabilizaban alrededor de 390 muertos en Nepal y tres en el Tíbet.
La magnitud de la tragedia todavía se encuentra en evaluación, mientras continúa la búsqueda de las personas que permanecen desaparecidas.
China suspendió el rescate en el Tíbet
La situación también obligó a interrumpir temporalmente las tareas de rescate del lado chino de la frontera. En el Tíbet, se detectó que un lago formado por grandes cantidades de escombros comenzaba a desbordarse hacia el sector donde se desarrollaban los operativos.
Ante el riesgo de una nueva riada, los grupos de rescate recibieron la indicación de permanecer en sus posiciones y esperar nuevas instrucciones. Quienes ya habían ingresado en la zona debieron retroceder aproximadamente un kilómetro. La decisión busca evitar que una nueva crecida provoque más víctimas mientras todavía continúa la búsqueda de cientos de personas.
Hipótesis de un desborde de origen glaciar
Una de las hipótesis que analizan especialistas para explicar la magnitud del desastre apunta a un fenómeno conocido como GLOF, sigla en inglés de Glacial Lake Outburst Flood, que describe una inundación provocada por el desborde repentino de un lago glaciar. Según explicó Simon Cox, científico principal del instituto neozelandés GNS Science, una enorme masa de hielo podría haberse desprendido de un glaciar desde una altura cercana a los 5.200 metros y caído sobre un valle. El impacto habría generado una gran masa compuesta por agua, hielo, rocas y sedimentos que avanzó a gran velocidad, arrastrando árboles y todo lo que encontró a su paso.
Los especialistas continúan estudiando el fenómeno para determinar con mayor precisión cómo se originó la riada y qué factores explican su enorme capacidad destructiva. Mientras tanto, la búsqueda de los 1.400 desaparecidos sigue siendo la principal tarea, en medio de condiciones que continúan siendo inestables y con riesgo de nuevos desbordes.
O.P.