La entrega de las últimas viviendas para las familias damnificadas por el incendio en El Hoyo expone historias atravesadas por la pérdida, la incertidumbre y la reconstrucción. Una de ellas es la de Victoria Huisman y Araceli Alonso, quienes este miércoles recibieron formalmente la casa que reemplaza a la que el fuego destruyó el último verano.
Aunque ya viven en la vivienda desde hace algunas semanas, el acto marcó el cierre de una etapa difícil que comenzó cuando las llamas arrasaron con el proyecto que ambas venían construyendo desde hacía años.
“Estamos muy felices. No se nos escapa un segundo todo el momento muy tremendo que vivimos. Encima, seguir recorriendo lugares de la zona te lo recuerda todo el tiempo”, contó Victoria.
La casa que se incendió no era la vivienda en la que residían en ese momento. Mientras avanzaban con la construcción, ambas vivían en una casa prestada. Sin embargo, el golpe fue igual de duro porque se trataba del hogar al que planeaban mudarse definitivamente.
Un sueño que llevó años construir
La vivienda destruida representaba mucho más que una obra en marcha. Eran tres años de trabajo, esfuerzo y expectativas. “La casa que se quemó nos llevó tres años de esfuerzo, de mucho trabajo. Teníamos muchas ganas de venirnos a nuestro lugar en la chacra. Cuando se quemó fue un momento muy desesperante, muy terrible”, recordó.
Tras el incendio, continuaron viviendo en la casa prestada hasta que la nueva vivienda estuvo terminada. Hace dos semanas finalmente pudieron mudarse.
Lo que más las sorprendió fue la velocidad con la que avanzó el proceso de reconstrucción. “No pensábamos que íbamos a estar acá tan rápido. Menos en tres meses tener nuestra propia casa”, reconoció Victoria.
Una respuesta que superó las expectativas
Las jóvenes explicaron que durante los primeros días posteriores al incendio no tenían certezas sobre cómo seguiría su situación. “Los primeros días no se sabía qué iba a pasar, pero de repente las expectativas fueron subiendo un montón”, relataron.
También valoraron el acompañamiento recibido tanto de familiares y amistades como de las instituciones que participaron del proceso. “Se quemó nuestra casa un sábado y el lunes ya vinieron las chicas del municipio a hacer todo el relevamiento”, recordó Victoria.
Consultadas sobre la respuesta estatal, la respuesta fue contundente: “No fue como esperábamos. Fue mejor”.
Una casa lista para habitar
Además de la construcción, la vivienda fue entregada completamente equipada, algo que alivió aún más el proceso de volver a empezar.
Según explicaron, la solidaridad que se generó en los meses posteriores al incendio también permitió sumar mobiliario, electrodomésticos y otros elementos indispensables para la vida cotidiana. “La casa está lista para entrar y habitarla. No tuvimos que traer más que nuestra ropa”, contó Araceli.
Mientras el recuerdo del incendio sigue presente, Victoria y Araceli ya comenzaron una nueva etapa. En el mismo lugar donde el fuego arrasó con años de trabajo, hoy vuelven a proyectar el futuro. “Nos cambió la vida. Estamos muy agradecidas, muy felices y listas para afrontar lo que venga”.
O.P.